Colaboraciones
Conclusiones de una entrevista a María Elvira Roca Barea (06 de abril de 2017) sobre la Inquisición española. Nuestra opinión
19 marzo, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
La autora de Imperiofobia y leyenda negra, quien además no profesa credo alguno, recomienda a los católicos no albergar un sentimiento de culpa porque la Inquisición, si bien existió, fue una «institución pequeña que no tuvo nunca capacidad para influir decisivamente en la vida de los países católicos y de España».
María Elvira Roca Barea (docente, filóloga y doctora en literatura) indica que en aquel tiempo la intolerancia en cuestiones de religión fue «el modo de pensar de todo el mundo», por lo que decir que los españoles fueron intolerantes en ese sentido debido a la Inquisición, «es la falsedad de todas las falsedades».
«Lo que hay que ver es cómo se gestionaba esa intolerancia religiosa en cada sitio y, desde luego, fue mucho más civilizada y mucho más comprensiva en la parte católica y desde luego en España», agrega.
La especialista puso como ejemplo a Inglaterra o a los principados luteranos protestantes en el norte de Europa, donde las persecuciones sí fueron «horrorosas».
«Aparte –continua–, todo el fenómeno de la caza de brujas, absolutamente demencial, que provocó miles de muertos. Esto no pasó en el mundo católico y no pasó en España porque existía la Inquisición, que evitó aquellas barbaridades».
Roca Barea dice que la Inquisición católica fue «una institución muy organizada, mucho mejor reglamentada que cualquiera otra en su momento, y en la que la religión seguía siendo asunto de la religión y no del Estado».
«Se ocupaba de delitos que todavía lo son hoy día, como por ejemplo los que se conocían como delitos contra la honestidad: el proxenetismo, la pederastia, la trata de blancas, la falsificación de monedas y documentos... Tenía un campo muy amplio de trabajo».
Roca Barea revela que «todas y cada una de las sentencias a muerte» que se firmaron en España están «muy bien documentadas» en estudios como los del profesor Contreras o el danés Henningsen.
«La Inquisición juzgó un total de 44.000 causas desde 1560 hasta 1700, con el resultado de 1.340 muertos aproximadamente. Y esa es toda la historia. Calvino mandó a la hoguera a 500 personas en solo 20 años por herejía», detalla.
«Hay que reaccionar, porque no es solo perjudicial para los católicos, creyentes o no creyentes, sino para el mundo que la Iglesia católica ha engendrado», añade.
La experta dice que «la religión católica tiene en su haber logros muy importantes, cosas muy buenas que ha hecho por el mundo y por la sociedad». «¿Por qué no enseña esa parte de sí misma que es hermosa y que merecería ser mejor conocida?».
«Aunque yo no sea creyente, llevo a mis hijos a la catequesis y tengo mis discusiones con el cura del barrio. Le digo: “vamos a terminar siendo los agnósticos y ateos de buena voluntad los que tengamos que limpiar el nombre de la Iglesia porque ustedes tienen una pasividad absolutamente incomprensible”», enfatiza Roca Barea.
Finalmente, la experta también criticó a aquellos que piensan que actuar contra el catolicismo es sinónimo de «modernidad», porque no se dan cuenta de que se están «matando» a ellos mismos, «siendo creyente o no».
«Porque estás renegando de tu pasado y de tus antepasados, y esos son los cimientos que nos sostienen. Y sin ellos, nos venimos abajo. Y si nosotros nos venimos abajo, otros se quedan arriba», concluye.
Pensamos que la Inquisición sobre todo trabajó al servicio de las autoridades civiles y eclesiásticas del Imperio español en una época de estrecha unión entre el poder civil y eclesiástico cuando la unidad de la fe era capital para la renovación de la Iglesia después de Trento y la expansión del imperio español en América y Asia.
Para nosotros, el error teológico de la Inquisición consistió en intentar forzar la conversión del reo mediante un proceso jurídico. Como es doctrina común de la Iglesia y está recogido en el Nuevo Testamento y en la Tradición, solo la gracia de Dios puede abrir el alma a la conversión: «Nadie viene a Mí si el Padre no le atrae» (Jn 6, 40). Por tanto, solo la persuasión y la oración y la penitencia y el buen ejemplo puede remover las almas al arrepentimiento y la rectificación.
Es sabido por todos que el conocimiento de la historia es la mejor manera de comprender el presente y plantearse el futuro, en nuestra opinión.