Colaboraciones
El Neotomismo en España
23 julio, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
Clase en la Universidad de Salamanca

Un nombre que recibe la filosofía neoescolástica de los siglos XIX y XX, justamente por inspirarse, por recomendación e imposición del magisterio eclesiástico, en la filosofía de Tomás de Aquino. Ét. Gilson y J. Maritain son los personajes de esta época que más destacan en su fidelidad al pensamiento tomista.
El Neotomismo por lo que a España se refiere, hay que decir que esta fue la Nación en la que más arraigo iba a tener esta corriente escolástica contemporánea llegando a contar con la anuencia estatal. Pasada la guerra civil de 1939, España se repliega sobre sí misma y se mantiene fiel a sus esencias dentro de un espíritu conservador alentado por la Iglesia y por las órdenes religiosas sobre todo por la Orden de Predicadores.
A esto hay que añadir la aparición en escena de la potentísima escuela de S. Esteban de Salamanca que va a jugar un papel importante con el P. Santiago Ramírez (nace en Samiano, enclave de Treviño, provincia de Burgos, en 1891; ingresó en la orden dominicana en 1911; prosiguió sus estudios en el Estudio Dominicano de Salamanca; fue enviado al Angelicum de Roma; profesor de filosofía en el Angelicum; explica durante tres años Apologética y Teología dogmática en el Estudio General de S. Esteban de Salamanca; fue docente en al Universidad Católica de Friburgo en Suiza. En 1945 regresa a España. Destacado fraile dominico, que sirvió como perito oficial en el Concilio Vaticano II y gozó de gran prestigio. Muere en 1967) con el P. Santiago Ramírez, decíamos, a la cabeza, considerado como el filósofo y teólogo neotomista más importante del siglo XX, que, aunque desempeñó algún cargo público pasaría la mayor parte de su vida dedicado a escribir libros y a enseñar bien en Friburgo bien en S. Esteban de Salamanca. Su fama saltó a primer plano de actualidad con motivo de la publicación en 1956 de su libro titulado La filosofía de Ortega y Gasset que originó una polémica entre el autor y el grupo integrado por Julián Marías, Laín Entralgo y López Aranguren, quienes a través de Religión y Cultura y de Arbor, polemizaron con P. Ramírez sobre si el vitalismo orteguiano era compatible o no con el catolicismo. Anteriormente el P. Ramírez había polemizado (1934-1936) con Maritain defendiendo contra el francés la posibilidad de una filosofía moral autónoma.
En 1935 el P. Ramírez mantuvo una polémica con Jacques Maritain sobre el valor de la filosofía moral. Según el francés, no puede haber una ética natural o filosófica independiente de la Teología; el P. Ramírez criticó esta actitud fideísta, saliendo en defensa de una verdadera filosofía moral y autónoma frente a la Teología moral de Maritain. Durante estos años publica tres tomos de su De hominis beatitudine y comienza a perfilar su idea de Bien Común como base de toda su filosofía política. Frente a Maritain y los personalistas exaltadores de la individualidad como personalidad dentro de lo que calificaban «drama del individualismo moderno», el P. Ramírez recurre a la idea de Bien Común inmanente a la sociedad. En Pueblo y gobernantes al servicio del Bien Común (1956) y Deberes morales con la comunidad nacional y con el Estado (1962), el P. Ramírez aplica su idea de orden a la filosofía política: ontológicamente, la sociedad se compone de seres racionales y sociales que no deben buscar la sociedad para el bien propio, sino para el Bien Común, como fin político y jurídico de derecho; pero el Bien Común no es un bien colectivo entendido como suma de bienes propios, porque no es una especie, ni un género, sino un todo análogo, puesto que el concepto formal y esencial del bien difiere respecto a la sociedad y a la persona individual; el mayor Bien Común inmanente de la sociedad es el Bien Común del Estado; según el P. Ramírez, después de Dios, el Estado es el mayor de todos los bienes del hombre, siendo la autoridad o el poder lo que unifica, organiza y ordena las fuerzas de la muchedumbre en vistas a su perfección común. Pero una sociedad jamás puede alcanzar el Bien Común sin unidad; por tanto, la mejor forma de gobierno será aquella que asegure la unidad.
El suyo era un tomismo auténtico. Supo beber la doctrina de Sto. Tomás en sus obras completas, en sus fuentes precedentes y en innumerables comentarios de la escolástica posterior, depurarla de adherencias o deformaciones y actualizarla y renovarla en algunos de sus problemas más difíciles y oscurecidos por siglos de escolástica más o menos decadente.
Han de tenerse muy en cuenta sus obras para valorar adecuadamente la personalidad y méritos científicos del P. Ramírez, que le colocan entre los filósofos y teólogos tomistas de primera línea de la actualidad y de todos los tiempos.