Colaboraciones
Sobre el movimiento «Cristianos para el Socialismo». ¿Una contradicción?
24 julio, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
«Quien hoy contrapone el cristianismo al materialismo marxista daría pruebas de una enorme ignorancia». Así decía el profesor Argan, alcalde comunista de Roma, en un congreso de «Cristianos para el Socialismo» (en adelante, «CPS») celebrado en la Ciudad Eterna (Il Tempo, Roma, 10-I-77). Efectivamente, esta misma idea es la que alienta a ese movimiento («CPS»).
Fue, entre otros, el «Grupo de los 80» (intentaron demostrar que ese humanismo del marxismo se identifica con el cristianismo) el que dio origen a «CPS». Tuvieron su primera reunión en Santiago de Chile durante el mes de abril de 1971.
En diciembre de 1971, el jesuita Gonzalo Arroyo, líder del «Grupo de los 80», cursa una invitación al arzobispo de Santiago de Chile para que patrocine el «I Encuentro Latinoamericano de Cristianos para el Socialismo».
El 03 de marzo de 1972 responde el cardenal Silva Henríquez:
«Del estudio de este documento he llegado a la convicción de que ustedes harán una reunión política, con el deseo de lanzar a la Iglesia y a los cristianos en la lucha en pro del marxismo y de la revolución marxista en América Latina. La única solución que ustedes ven para liberar al hombre es el marxismo».
El prelado da varias razones para rechazar este documento-base: falta toda referencia al Evangelio y sobre todo a la Iglesia. No hay cristianismo sin Iglesia y sin sacerdocio jerárquico. Afirma también que la doctrina de la Iglesia sobre el hombre es radicalmente diferente de la que presenta el marxismo: este, el marxismo, es excluyente y unilateral por sus esquemas que parecen de inspiración maniquea, pues divide a los hombres en buenos y malos, en oprimidos y opresores, por simples razones económicas y de diferencias sociales. Termina el cardenal haciendo una severa advertencia al P. Arroyo: me parece que su acción es destructora de la Iglesia.
Una revista italiana decía con cierto tono irónico: «Para Pablo VI, la oveja más negra de las ovejas negras de la grey católica, es el movimiento “Cristianos para el Socialismo”. Directamente lo ha reprobado, advertido, exorcizado, unas 25 veces durante sus discursos públicos (L´Europeo, Milán, 21-I-77).
El Santo Padre pone de relieve: «El cristiano que quiere vivir su fe en una acción política concebida como servicio, no puede adherirse, sin contradecirse a sí mismo, a sistemas ideológicos que se oponen, radicalmente o en puntos esenciales, a su fe y a su concepción del hombre (Pablo VI, Octogesima adveniens, 26).
De una manera más directa desautorizó este movimiento en una audiencia general, pocos días antes del Congreso de «CPS» en Utrecht (Holanda): «El cristianismo no puede ser instrumentalizado por una concepción de la vida contradictoria con el cristianismo y, por tanto, el movimiento “Cristianos para el Socialismo” es una contradicción ideológica y práctica en sí mismo (Il Giornale, Milán, 11-XI-76).
¿Por qué hablan los «Cristianos para el Socialismo» con tanta convicción de la compatibilidad entre cristianismo y marxismo?, ¿no será que profesan una Fe que no es sobrenatural?, una esperanza que no se cifra en la vida eterna?, ¿una caridad no fundamentada en Dios? Por las contradicciones teóricas y prácticas de este movimiento se podría más propiamente denominar «Excristianos para el Socialismo»; es decir, cristianos que han perdido la fe y buscan sustituirla por una opción temporal.
La incompatibilidad entre marxismo y religión, repetida numerosas veces por el Magisterio de la Iglesia, no se debe simplemente a que Marx negase la existencia de Dios, sino a que toda su construcción teórica y práctica se apoya necesariamente en el ateísmo.