Tribunas

Hakuna, Llamados y El Despertar, ¿qué está pasando?

 

 

José Francisco Serrano Oceja


Evento "El Despertar".

 

 

 

 

En las últimas semanas, como si fuera fruto de un diseño bien pensado de acontecimientos, se han celebrado en Madrid tres macroeventos que han congregado a una media de seis mil jóvenes, el que menos, que han puesto el cartel de “No hay más entradas”, y han tenido como denominador común, explícito en Hakuna y Llamados y menos en El Despertar, la propuesta cristiana.

En los tres, con argumentarios diferentes, porque los dos primeros tenían un alto componente musical y oracional, los protagonistas fueron los jóvenes, milenials y centenials, con algún boomer despistado.

En los tres se ha hablado de Dios y de la verdad sin complejos, se han aludido a conceptos no precisamente blandos de nuestra cultura, la familia, la política, la sociedad, la amistad, la fidelidad, incluso la empresa y el emprendimiento.

Las preguntas son obvias. ¿Se trata sólo de un fenómeno madrileño? ¿Están alentados por alguna fuerza o poder oculto? ¿Qué representan este tipo de actos?

El protagonismo de los jóvenes, que son los principales destinatarios, apunta a un síntoma de nuestro tiempo, el mayo del 68 tenía fecha de caducidad y esa fecha se está acercando.

Las nuevas generaciones han nacido y vivido respirando la incertidumbre cultural, existencial, al fin y al cabo; han vivido una pandemia, que les ha hecho experimentar una serie de fenómenos inéditos en la historia reciente; se han topado ahí con la muerte, el fin, el límite no deseado; y ya no se creen las promesas de un progreso que se ha interrumpido abruptamente.

Los jóvenes expresan su desconcierto y su inquietud ante un futuro que palpan es peor que el de sus padres en el orden de la vida, y lo expresan reclamando conceptos fuertes, asideros existenciales seguros.

La tecnología, que está en la base de la IA, del Transhumanismo, para estas generaciones no es un secreto, son quienes la diseñan y la maneja. Por lo tanto, saben de la potencia social pero no están satisfechos con el rumbo de esa potencia tecnológica. Las redes sociales son también su mundo. Pero la carencia de lo que las redes sociales no les ofrece, la realidad de la relación verdadera, les invita a congregarse, a expresarse en grupo.

Intuyen que otro mundo es posible y en ese otro mundo los cantos de sirena, fruto de ese mayo del 68 que había subyugado a sus padres y que les había llegado como drama existencial de sus progenitores, ya no les sirve.

“El Despertar” lo es al pensamiento crítico, al inconformismo de la hegemonía cultural de una izquierda, y de un progresismo, también globalista, que está dejando demasiados cadáveres por el camino, sobre todo los antropológicos.

¿Utilización política de esta realidad? No la niego. Ahí se explica el subidón de VOX, por ejemplo, o la insatisfacción de los jóvenes de centro derecha con el PP como propuesta política. Del PSOE ni hablar, por mucho que Pedro Sánchez se dedique ahora a los vídeos de Instagram y Tik Tok.

Un síntoma en el trasfondo del marco mental es la vuelta a la historia. Y en la historia la identidad que aporta el cristianismo, primero como oferta de una fe que se ha hecho cultura y, después, como experiencia personal de encuentro con Cristo.

Un cristianismo que ha dejado de ser moral y que ya no se identifica con el miedo, el temor, el infierno. Ahora la propuesta cristiana a esos jóvenes, y de esos jóvenes, es de pleno y no tan posible paraíso. Una utopía que lo es menos por ser realista, porque soñar el cielo significa para ellos elevar la mirada y pedir más de lo que les han transmitido.

Una característica de estos tres acontecimientos es que han nacido de la base, digamos, son laicales, no convocados por la Iglesia jerárquica, aunque en Llamados estuviera detrás el obispo de Alcalá de Henares.

De Hakuna ya sabemos quiénes convocaron y en El Despertar no fueron pocos los organizadores que se confiesan católicos sin complejos y que además tiene clara su pertenencia eclesial.

Que el sector joven de la Conferencia Episcopal -véase Roma el pasado verano-, sea de los pocos ámbitos que hayan seguido manteniendo esta dinámica de encuentros es muy significativo.

Respecto a otros segmentos sociales recordemos la Fiesta de las Familias en Navidad, las pasadas campañas de insolvente dinámica de desprestigio de esa fiesta y de lo que eso significaba.

La Fiesta de las Familias era un síntoma incluso de esta modernidad tardía que interpela e invita a encontrarse y reconocerse como pueblo, como familia. En verdad, a esto hay no pocos que ni están, ni se les esperan.

La anunciada visita del Papa León XIV se beneficiará sin duda de esta dinámica de fondo, para los jóvenes y para los mayores. Al tiempo.

 

 

José Francisco Serrano Oceja