Católicos
“No hay que tener miedo al cisma de Belorado”, dice la única monja ermitaña del Santuario de Lord
El impactante testimonio de María Eugenia de Jesús, en un encuentro online organizado por la Fundación DeClausura, en el que habla de su vida en soledad, pero con Dios y sus ovejas
12/02/26 | Marta Santín
Paciente, sencilla, sonriente. Iluminando. Así se mostró la hermana María Eugenia de Jesús Lastras ante los casi 150 participantes que nos conectamos al encuentro online organizado por la Fundación DeClausura en el marco del XLV Encuentro en torno al claustro. Durante casi dos horas respondió a todas las preguntas con serenidad y profundidad, ofreciendo un testimonio que dejó huella.
- El silencio que se escucha
- Intimidad radical con Dios
- 38 ovejas y 30 corderitos
- Vivir sin la seguridad de tenerlo todo hecho
- Lo que piensa de las ex clarisas de Belorado
- Vivir sola en la montaña
- La experiencia de los laicos en la hospedería
- Una conversa gracias a la oración de su madre
María Eugenia de Jesús Lastras, la única monja
ermitaña y pastora de ovejas del Santuario de Lord,
en Solsona (Lérida), durante el encuentro online.
María Eugenia es la única monja ermitaña y pastora de ovejas del Santuario de Lord, en Solsona (Lérida). Vive a 1.200 metros de altitud, en una pequeña ermita situada a unos diez minutos andando del monasterio donde reside la comunidad de Lord, que custodia el santuario. No vive con ellos. Comparte únicamente la Eucaristía diaria y, en ocasiones, colabora en la hospedería. Su vocación es otra: la soledad con Dios.
Está vinculada a la comunidad de Lord en sentido espiritual, pero ella es ermitaña diocesana de la diócesis de Solsona.
Santuario de Lord, en Solsona (Lérida).
El silencio que se escucha
El Santuario de la Virgen de Lord, lugar de peregrinación desde el siglo XII, impresiona por la espectacular naturaleza y el silencio que se escucha y que interpela. La actual comunidad fue impulsada a partir de 1971 por el padre Salvador Jordana, quien encontró el santuario prácticamente en ruinas y lideró su reconstrucción espiritual y material. Desde entonces, una pequeña comunidad diocesana de ermitaños lo custodia y mantiene viva la oración.
María Eugenia llegó a Lord en 2016. Antes había sido carmelita durante 16 años. Doctora en Medicina Veterinaria —se doctoró en el año 2000—, su camino parecía definido hasta que sintió una llamada distinta. Conoció el santuario cuando comenzó a pedir oraciones por la salud de Javier Sartorius, protagonista de la película Solo Javier, un joven cuya historia de enfermedad y testimonio de fe ha conmovido a muchos creyentes. Aquella petición fue el inicio de un vínculo inesperado.
Intimidad radical con Dios
“Cuando sentí que debía venir a Lord vi que era la voluntad de Dios para mí”, relata. Y explica cómo descubrió que su camino no era ya la vida comunitaria, sino la intimidad radical con el Señor.
“El único camino que tiene cada uno es el camino de la santidad y debemos dejarnos hacer y asombrarnos por Dios, que tiene sus planes. Cuando miras hacia atrás en tu vida ves que todo encaja. En el cielo entenderemos todo; viendo los mosaicos de tu vida comprenderás que todo encaja. Ese encaje a veces es doloroso y en esa purificación no entendemos nada, pero nos va iluminando el camino”.
Vive en la ermita, en un pequeño apartamento colindante con cocina, cama y junto a su esposo, el Señor en el sagrario. “El Señor se manifiesta en este lugar”, afirmó con naturalidad.
38 ovejas y 30 corderitos
¿Como vive María Eugenia? Reza continuamente, porque continuamente está en presencia de Dios. Por la mañana cuida de sus 38 ovejas y 30 corderitos; por la tarde las recoge. Si hay huerto, trabaja en el huerto. Su jornada está marcada por la Liturgia de las Horas, la lectura reposada de la Sagrada Escritura —“es un pozo sin fondo”— y una oración continua que impregna cada gesto.
“Las ovejas me han evangelizado”, confesó. No es una frase retórica. De hecho, ha escrito incluso un libro, El Buen Pastor, donde profundiza en la dimensión espiritual de su experiencia. “Toda la Biblia está tapizada del tema pastoril. Como pastora me ha hecho entender el corazón del Señor, porque yo cuido de mis ovejas. Las ovejas funcionan si confían en el pastor. El rebaño es protección, se protegen entre ellas, pero tienen que seguir a alguien en quien confiar”.
Vivir sin la seguridad de tenerlo todo hecho
En el encuentro, narró cómo un día tuvo que rescatar a una oveja perdida en una zona de barrancos y precipicios. “Lord produce vértigo. El vértigo de lanzarse al vacío y confiar completamente en Dios. Yo sé que estoy aquí y estoy amando, pero mañana no sé dónde estaré. No tengo que vivir en la seguridad de tenerlo todo hecho, porque si no, no puedo volar. Y hay que volar en confianza. Dios es el que lleva nuestra vida; todo lo que acontece pasa por sus manos y eso nos da esperanza”.
Esa experiencia del rebaño le ha servido para hablar de la Iglesia. “La Iglesia dirige desde la maternidad, como la oveja líder, sin imponer, siempre pendiente del rebaño”.
Lo que piensa de las ex clarisas de Belorado
Esta periodista le preguntó si el caso de las ex clarisas de Belorado había hecho daño a la clausura, no esquivó la cuestión. Al contrario. Respondió con firmeza y paz: “No tenemos que tener miedo a demostrar la vulnerabilidad de la Iglesia. Y si ahora la Iglesia es pobre y poco auténtica es una purificación de los momentos actuales y debemos atender a los signos de los tiempos”.
No hubo crítica amarga en sus palabras. Tampoco ingenuidad. Habló de vulnerabilidad y de santidad en la misma frase. De purificación y de esperanza. Sin miedo.
Vivir sola en la montaña
Durante el encuentro, alguien le preguntó si no tiene miedo de vivir sola en la montaña. Sonrió. “Como tengo el Sagrario allí no tengo miedo. A veces se me ha presentado alguna persona y eso me da un poco más de miedo”, reconoció con sencillez. “Es el hogar donde me espera el Esposo. No quiero dejar solo al Señor en la montaña. Es parte de mi ser. La vida ermitaña te invita a vivir al día. No pienso en lo que me pueda pasar, si puedo bajar o no por barrancos. Vivo en la confianza de que donde esté, estaré en las manos de Dios y en el manto de la Virgen”.
Su espiritualidad no es evasión. Es realismo sobrenatural. “Me pongo delante de Dios como lo que soy, con mis miserias, porque tengo un temperamento fuerte”, confesó entre sonrisas. La contemplación —insistió— no es patrimonio exclusivo de monjes y monjas. “Es para todos los cristianos. Se vive en el corazón, en la unión con el Señor, en el deseo de estar con Él”.
La experiencia de los laicos en la hospedería
En Lord también hay una hospedería, abierta hace pocos años y que suele estar llena. “Los laicos hacen la experiencia de silencio, de convivencia y de sentir la experiencia de la Virgen, que reúne a las personas que se necesitan entre sí. La Virgen es la que va haciendo”, explicó.
Aunque vive sola, no está aislada. Comparte la Eucaristía diaria con la comunidad y a veces colabora en la acogida de peregrinos. Pero su llamada es clara: “No me siento llamada a vivir con la comunidad. He vivido 16 años en comunidad antes de la vida ermitaña. Esa vida de intimidad con el Señor es lo que me llama. La soledad y el silencio me profundizan, y vivo en una confianza más grande porque no tengo la seguridad de vivir en comunidad”.
Una conversa gracias a la oración de su madre
Otra asistente le preguntó sobre la oración de las madres. “Yo soy una conversa. Me había separado de la vida religiosa y mi madre rezó muchísimo. Me dijo que rezaba por mi conversión, no porque me hiciera monja. La oración de una madre no se pierde nunca; son válidas para la salvación”.
En sus palabras hay una certeza que atraviesa todo: “La confianza es saberse en manos de quien nos ama y nos lleva a una intimidad más profunda y a una paz”.
María Eugenia es la primera monja ermitaña en la diócesis de Solsona. Ahora hay otro ermitaño y otra ermitaña en proceso, también surgidos de la comunidad de Lord y enviados a otro santuario de la diócesis. Su testimonio no es una rareza romántica, sino una vocación viva en la Iglesia de hoy.
En un tiempo de desconcierto, de escándalos y de preguntas incómodas, la hermana María Eugenia no niega la fragilidad. La abraza. Y desde una ermita suspendida sobre barrancos, entre ovejas y silencio, recuerda que el Buen Pastor sigue guiando a su rebaño. Sin imponer. Desde la maternidad. Desde el amor.
Apartamento-ermita donde vive.