Tribunas
27/04/2026
Se buscan profesores de religión
José Francisco Serrano Oceja
Desde hace tiempo vengo escuchando que en algunas diócesis españolas hay plazas de profesores de religión que no se están cubriendo porque no hay suficientes docentes.
Mal síntoma de la situación de la Iglesia y de la propuesta cristiana si este fenómeno supera algo más que unos pocos casos circunstanciales. Me han hablado de diócesis concretas, pero como no lo puedo comprobar, no daré más detalles.
Después de la larga lucha por mantener la clase de religión en el sistema educativo, no contar con profesores suficientes, y con la formación adecuada, me parece un síntoma muy preocupante de variadas causas.
Una vez le oí a un importante político español de la Transición decir que si en algo no tenía que ceder la Iglesia es en la clase de religión, que no es una catequesis, sino una propuesta científica del contenido de la fe.
Y que conste que la experiencia de mi generación, al menos la mía, de estas clases en los centros educativos del Estado no fue la más entusiasmante.
Era la época en la que los sacerdotes empezaban a jubilarse, o a ser retirados, para dar paso a los primeros laicos, con, digamos, una formación peculiar.
Para muchos sacerdotes ser profesor de religión en el Instituto era una canonjía. Para no pocos laicos una forma de vida, digna, que además implicaba un servicio eclesial impagable. De hecho recuerdo la insistencia de algún obispo de que los laicos que tuvieran las habilidades, competencias y titulación adecuada podían dedicarse a dar clase de religión como ministerio eclesial.
Es cierto que las condiciones laborales no eran, y son, probablemente las mejores. Formaban parte de un sistema laboral de contrataciones que se renovaba cada curso, una condición de provisionalidad.
Pero ahora lo que se plantea también, además de la idoneidad personal, es si las condiciones que se exigen para ser profesor son tales que están generando una dinámica desmotivadora. Esto de que además de la titulación civil de base, tengas que tener la DECA, el máster habilitante y además los estudios de teología -que pueden ser la base-, en sus diversas modalidades, está muy bien, pero no parece realista.
Esto en la perspectiva de los procesos formales. No voy a entrar en los contenidos. Esta misma semana pasada me hablaba en una cena un Delegado de Enseñanza de una diócesis sobre las sustanciales carencias de los currícula de las asignaturas, incluso en su dimensión de presencia del lenguaje religioso.
No digamos nada si entramos en la cuestión de la idoneidad personal, que, como el valor, aquí se le supone. Todavía podemos citar casos periodísticos que trajeron de cabeza a algún obispo.
Dicho lo cual, lo importante ahora es tener presente el discurso que el Papa León pronunció el sábado en un Congreso a los profesores de religión en Italia. Congreso en el que hubo una destacada representación española.
El Papa recordó que “la enseñanza de la religión católica es una disciplina de gran valor cultural, útil para la comprensión de las dinámicas históricas y sociales, así como de las expresiones del pensamiento, del ingenio y de las artes que han dado forma y siguen moldeando el rostro de Italia, de Europa y de muchos países del mundo.
Todo esto entra en sus lecciones, a la luz de la enseñanza siempre actual de la Iglesia, en diálogo con los otros campos del conocimiento y de la investigación religiosa, y sobre todo en el estudio de las páginas inagotables de la Biblia, de la que conocemos a Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, revelación del rostro del Padre y modelo perfecto de humanidad. Así que ustedes hacen accesible a las nuevas generaciones, en pleno respeto de la libertad de cada uno, lo que de otro modo podría permanecer incomprensible y vago, mostrando cómo la verdadera laicidad no excluye el hecho religioso, sino que sabe atesorarlo como recurso educativo. Esto es, además, parte de una actitud más amplia, esencial para todo diálogo, tanto en la escuela como en la sociedad: conocer y amar lo que uno es, para saber encontrar al otro con respeto y apertura”.
Recomiendo sin duda leer a fondo este discurso del Papa y darle una vuelta a la clase de religión en la escuela.
José Francisco Serrano Oceja