Tribunas

León XIV, en Francia, con los jóvenes

 

 

Ernesto Juliá


Jóvenes vitorean al Papa en Francia
(@Vatican Media).

 

 

 

 

 

“Como dice san Pablo, “para nosotros, vivir es Cristo”. Sin embargo, la sociedad en la que vivimos se basa en otros principios y a veces parece incluso ajena a la cuestión de Dios. Queremos anunciar a Cristo, con fuerza y perseverancia, a quienes nos rodean, pero también, naturalmente, con respeto y delicadeza hacia los que encontramos, ¿Cómo podemos conjugar la fuerza de nuestro impulso misionero con la autenticidad de una vida fraterna con aquellos que no comparten nuestra fe?”

Las palabras de esta primera pregunta que le hicieron al Papa en su encuentro con los jóvenes en París, y las de la respuesta de León XIV, quedarán bien grabadas en los corazones y en las inteligencias de todos los que han participado a ese encuentro, y de tantos jóvenes en el mundo entero que las leerán. Son palabras de confirmación de la Fe; y de ánimos a ser apóstoles en un mundo ciego que necesita el testimonio vital de los cristianos.

Después de dar las gracias al joven por su pregunta, comienza su catequesis:

“También hoy, todos nosotros estamos involucrados en esta dinámica espiritual: es verdad, como tú has dicho, que la sociedad en la que vivimos parece indiferente a Dios. Sin embargo, ¡el Señor no es indiferente a nosotros! Esto es lo que cuenta y nos da esperanza. Que muchos sean ajenos a la cuestión de Dios es, en efecto, un problema; pero lo es igualmente que muchos sean ajenos a la cuestión del hombre”. (...)

“Es el hombre quien se extravía cuando afirma que Dios ha muerto: si Dios no está con él, el hombre ya no tiene salvación y pierde el sentido de su existencia, que queda reducida a un callejón sin salida o a la nada. Experimenta exactamente lo contrario quien dice: “Para mí la vida es Cristo”. En Cristo, de hecho, sabemos que Dios nunca es indiferente al hombre. Por medio de Jesús, crucificado y resucitado, dona su propia vida para que nosotros vivamos. He aquí entonces el modo de anunciar a Cristo conjugando valentía y respeto: anunciarlo como Evangelio de salvación, como Palabra de Verdad y de Vida. Este Evangelio es buena noticia para todos, anuncio liberador y regla de vida nueva”.

La segunda pregunta acaba con esta consideración: “La ansiedad y la incertidumbre a menudo hacen frágil el entusiasmo de nuestra juventud. Beatísimo Padre, ¿cómo podemos discernir dónde el Señor nos espera para servir y ofrecer nuestras vidas?”.

El Papa le recuerda la fortaleza que Cristo da a los que creen en Él, a sus apóstoles:

“Esta fragilidad propia de la vida humana no nos asusta, sino que nos une como criaturas que se descubren hermanos y hermanas en Cristo. Él es el primero que se entrega a nosotros; y el signo vivo de esta gracia es la Eucaristía, “fuente y cumbre de toda la vida cristiana” (Lumen Gentium, 11) (...) En toda la historia, no hay fracaso del que Dios no pueda levantarnos: su misericordia es nuestra alegría”.

“Al mismo tiempo, la experiencia de la fragilidad, de cualquier fragilidad, se convierte, para un discípulo de Cristo, en una ocasión para ser su testigo. Quien sigue a Jesús en el camino del servicio humilde y gratuito se libera de la angustia y redescubre un nuevo entusiasmo, al experimentar la alegría y la paz interiores; no como sentimientos fugaces o subjetivos, sino arraigados en la certeza de la fe de la que damos testimonio juntos como Iglesia”.

Y como despedida, unas breves palabras para que todos los jóvenes que le escuchan, se animen a ese seguir ese buen camino de dar testimonio, con su vida y sus palabras, de su Fe en Cristo y de su disposición de ser apóstoles:

“Para vencer la angustia o la incertidumbre, tengan el valor de decir una sola palabra, simple y hermosa: Gracias. Gracias Jesús por tu amor”.

 

 

Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com