Tribunas
28/09/2026
Aquilino Polaino o el martirio de la coherencia
José Francisco Serrano Oceja
La última vez que pude conversar con el profesor Aquilino Polaino fue en una de las comidas episcopales organizada por AEDOS.
Como siempre, don Aquilino se mostró cercano, afectuoso, incisivo en los temas de la conversación.
Posteriormente me envió, a través de las redes, algún mensaje-comentario sobre alguna de mis columnas periodísticas. La verdad es que no se me ocurría pensar que tan pronto recibiría la noticia de su fallecimiento.
Mi admiración por el profesor Polaino comienza en el momento en el que mi recordado Alfonso Coronel de Palma, entonces Presidente de la ACdP y del CEU, le ficha para dar clases en el CEU y así dar forma a la Facultad de Psicología.
Antes de que él llegara, los estudios de Psicología dependían de la Facultad de Humanidades, entre otras razones porque aún no teníamos una Facultad de Medicina. Una vez que Aquilino estuvo con nosotros, la Psicología se ubicó en su adecuada rama científica del conocimiento sin perder la impronta humanista.
Poco después ocurrió el famoso episodio de la comparecencia de don Aqulino en el Senado durante la tramitación de llamada ley del matrimonio homosexual, allá por la primavera de 2005.
En su comparecencia explicó lo que había aprendido sobre la homosexualidad, su origen, sus causas, en su experiencia de psiquiatra y en sus estudios científicos en las más prestigiosas universidades europeas y norteamericanas.
Fue esa comparecencia la que provocó una campaña cósmica contra su persona. Aquilino Polaino dio entonces un ejemplo de coherencia sin igual. Demostró lo que significa actuar en conciencia, es decir, en la relación entre la búsqueda de la verdad y la libertad de juicio como expresión de integridad personal en estas sociedades de espirales infinitas.
En esa campaña recuerdo algunas conversaciones con Alfonso Coronel de Palma sobre cómo actuar y responder mediáticamente a lo que fue un linchamiento del profesor Polaino en toda regla.
Por cierto que no pocos de los que le llamaron a comparecer en la comisión parlamentaria después le dejaron tirado.
El caso del profesor Polaino fue el ejemplo de libro de lo que se entiende por “el martirio de la coherencia”. No debía, no podía decir otra cosa distinta que la que científicamente estaba convencido, no sólo por teoría, también por práctica clínica.
Más adelante el profesor Polaino siguió trabajando para mitigar el dolor de muchas personas, asesorando incluso a quienes, sin recursos, necesitaban sacarse la angustia que les atenaza.
En alguna ocasión conversamos sobre lo que significa un estado social, de opinión, sobre algunas cuestiones, que aparentemente se convierten en normales, que crean un profundo dolor, una profunda herida en las personas. Sufrimiento, al fin y al cabo. Una sociedad que hace atractivo lo que después se convierte en un problema. La apariencia de bien de lo que no lo es. Paradoja de haber elevado a los altares de lo atractivo-social conductas, actitudes, formas de ser y de actuar, que ocultan el germen de la infelicidad y de la insatisfacción continua.
Fue san Juan Pablo II el que utilizó la expresión “el martirio de la coherencia”, refiriéndose, por primera vez, si no me falla la memoria, a los cristianos de Oriente. Dijo aquello de que “a partir de ahora tienen que aprender a vivir el martirio de la coherencia que será el martirio del siglo XXI”.
Conocedor como pocos del “alma humana”, después del accidente que le llevó a los previos de la eternidad, Aquilino, a su regreso, al retorno a la conciencia, tomó una decisión lógica con lo que había sido su vida. Centrarse en lo esencial, es decir, en la presencia de Dios en su vida y en la de los demás.
Descansa en la paz de ese Dios amor, querido Aquilino, ese Dios en quien descubrimos aquello oculto que no se revela. Dios amor que nos libera.
Fuiste un académico coherente, ejemplar.
José Francisco Serrano Oceja