Tribunas
12/10/2026
En la Virgen del Pilar
Ernesto Juliá
La Virgen del Pilar con el manto ofrecido
por Fundación Ibercaja por su 150 aniversario.

Día de fiesta nacional, y seguro que la Virgen Santísima estará pendiente de nuestras oraciones pidiendo que sea con nuestra nación Madre de misericordia, y nos alcance del Cielo, tiempos de paz, de unidad, de justicia. Le rogamos que bendiga a todas las familias, que las bendiga con hijos, y que no caigamos más en ese pecado horrendo que es el aborto: quitar la vida a un hijo, a una hija, de Dios.
A lo largo de los siglos, la devoción a la Virgen del Pilar ha encendido el corazón de tantos españoles y españolas, en amor a Dios, dándoles la fortaleza de vivir siguiendo a Cristo, y dando la gracia de los mártires que, con su vida han dado testimonio de la Fe en su Hijo, Dios y hombre verdadero.
“El Pilar es signo de fortaleza en la fe, en el amor, en la esperanza. Con María, en el cenáculo, recibimos al Espíritu Santo: de repente sobrevino del cielo un ruido como de viento impetuoso que soplaba y llenó toda la casa donde se habían reunido” (Act II, 2). El Paráclito no abandonará a su Iglesia. Nuestra Señora multiplicará en la tierra el número de los cristianos convencidos de que vale la pena entregar la vida por Amor de Dios” (san Josemaría Escrivá).
Es bien conocido el milagro del cojo de Calanda, Miguel Pellicer, quien habiendo perdido una pierna, ve como la Madre del Pilar le devuelve el trozo de pierna que le faltaba, y queda injertado en lo que de ella quedaba, y recobra la normalidad en el andar.
Quizá sea menos conocido el hecho que ocurrió la madrugada del 3 de agosto de 1936, durante la guerra civil española. El trimotor republicano Fokker lanzó tres bombas, de 50 kilogramos cada una, sobre las torres de la Basílica del Pilar. Una de ellas quedó clavada en el exterior de la Basílica; otra atravesó el techo y la última llegó a penetrar la bóveda del coro de la Virgen y causar serios daños en el marco dorado del cuadro de Goya, La adoración del nombre de Dios. La misericordia de la Virgen hizo posible que ninguna bomba llegase a estallar ni causar daños de consideración, hecho que fue atribuido, lógicamente, a un milagro de la Virgen.
No pocas personas han visto en este hecho una señal de la Virgen invitando a los dos bandos a llegar a una paz, y a rezar los unos por los otros. Las bombas fueron desactivadas y hoy en día se exhiben en pilastras cercanas a la Santa Capilla.
Después de la resistencia de Zaragoza contra el primer asalto de las tropas de Napoleón, y del segundo, los invasores entraron en la ciudad, y cuando tuvieron que abandonarla ante el avance de las tropas españolas robaron buena parte de los objetos litúrgico, y de las perlas que tantos fieles de la Virgen le habían regalado a lo largo de los siglos, y servían para adornar sus vestidos en fiestas señaladas. Ninguna pieza robada ha sido restituida; pero estoy seguro que la Virgen ha rezado para que al menos algunos de los ladrones, soldados y mariscales, se hayan convertido a la Fe y al Amor de Cristo.
“Dios quiere conceder a los hombres su gracia, y quiere darla a través de María. “Distamos mucho, escribía San Pío X, de atribuir a la Madre de Dios una virtud productora de la gracia sobrenatural, virtud que sólo pertenece a Dios, Sin embargo, puesto que María sobresale por encima de todos en santidad y en unión con Jesucristo, y ha sido asociada por Jesucristo a la obra de la Redención (...), y Ella es el ministro supremo de la dispensación de las gracias” (Enc. Ad diem illum, 2-II-1904). Ella es la seguridad, Ella es el principio y asiento de la sabiduría, y Ella, la Virgen Madre, medianera de todas las gracias, es la que nos llevará de la mano hasta su hijo Jesús” (san Josemaría Escrivá).
“Tú permaneces como la columna que guiaba y sostenía día y noche al pueblo en el desierto”, le decimos en la antífona de entrada en la Misa de su fiesta. Y le seguimos pidiendo que continúe guiando a la Iglesia en España, para que lleve la Luz de Cristo, como en siglos pasados, a tantos rincones del mundo.
Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com