Tribunas

El matrimonio en vías extinción

 

 

José Francisco Serrano Oceja


Matrimonio católico.

 

 

 

 

Mientras se celebra en Roma la reunión del Papa con los presidentes de las Conferencias Episcopales, y con algunos invitados más, para evaluar los diez años de “Amoris Laetitia”, conviene que tengamos en cuenta una serie de datos referidos al matrimonio en España.

Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, que corresponden a 2024, dicen que se celebraron 175.364 matrimonios, de los cuales 146.605 fueron civiles y 28.759 canónicos.

Los matrimonios civiles fueron 146.605 en 2024, frente a 118.879 en 2015: un aumento del 23,3% en una década.

Los canónicos cayeron de 50.031 en 2015 a 28.759 en 2024, un descenso del 42,5%.

En 2023 hubo 30.606 matrimonios canónicos; en 2024 la cifra bajó a 28.759.

Hoy se celebran más de cinco bodas civiles por cada boda religiosa en España.

En 2024, las bodas por la Iglesia representaron aproximadamente el 16,4% del total según el INE, frente al 41,6% en 2010.

La edad media al casarse fue de 39,9 años para los hombres y 37,2 años para las mujeres.

En 37.774 matrimonios, al menos uno de los cónyuges era extranjero, un 8,46% más que en 2023.

Los últimos datos oficiales de 2025 apuntan a que en España se registraron 80.785 divorcios.

Diez años han pasado desde “Amoris Laetitia”, un documento que trajo no pocas turbulencias por el famoso capítulo octavo y por alguna nota a pie de página. En España la situación del matrimonio canónico es alarmante.

No sólo por el número sino por la idea que los jóvenes tienen de él. La generalización de la convivencia previa al matrimonio, como forma más o menos estable, se está convirtiendo en el pan nuestro de cada día. Las formas de cohabitación previas al matrimonio, o sustitutivas del matrimonio, se han generalizado, con lo que hacen de la posibilidad del sacramento una práctica para minorías, élites.

No niego que las preocupaciones en la Iglesia en España sean muchas. Pero, ¿de verdad existe una conciencia de la gravedad de la situación? Habría que preguntarse dónde está esa conciencia en los escritos recientes, en los planes pastorales de la diócesis, en las declaraciones individuales y conjuntas de los líderes eclesiales.

Da la impresión además que los últimos documentos de la Conferencia Episcopal al respecto, como son anteriores a “Amoris Laetitia”, se han guardado en un cajón no vaya a ser que alguien los descubra.

Si hay una cuestión en la que la Iglesia es y se manifiesta como “signo de contradicción”, y se percibe que va contracorriente, es la del matrimonio y la familia.

Parece evidente que la tensión sobre la naturaleza y el valor del sacramento del matrimonio, que durante el pontificado de san Juan Pablo II, estuvo muy alta ahora ha descendido.

Y sin embargo, la Iglesia se juega mucho, demasiado, con la cuestión del matrimonio y de la familia. Se juega tanto que de lo que estamos hablando es de lo humano, de la humanidad básica en forma de convivencia.

 

 

José Francisco Serrano Oceja