Opinión
20/10/2026
Despedida en Mirasierra. De «pajarito» a persona mayor: gracias, don José
Enrique Díaz-Barceló
Don José Trujillo con Don José Cobo.

El domingo 18 de octubre en la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves, en Mirasierra, no cabía un alma. Y no era para menos: se despedía don José Trujillo tras 37 años al frente de la comunidad, en una misa tan emotiva como concurrida, arropado por el cardenal José Cobo, todo un séquito de sacerdotes y por cientos de vecinos. Entre todos ellos andaba un servidor que, por suerte, terminó sentado en una de las primeras filas, justo frente a don José durante casi toda la celebración.
Viendo su mirada fija durante la Eucaristía y escuchándole recordar cómo guarda en la memoria el nombre de cientos de personas que han hecho parroquia durante casi cuatro décadas, no me cabe duda de que sabía perfectamente quién era ese chaval de 34 años que lo observaba con los ojos humedecidos por la emoción.
A fin de cuentas, me conoce prácticamente de toda la vida. Aunque a mí me bautizara mi tío abuelo, el sacerdote Salvador Suanzes, don Pilé, allá por enero de 1993, don José ya andaba por allí cuidando del templo y de la feligresía. Y como yo nací sietemesino y era un niño tirando a pequeñajo, para don José era simplemente un «pajarito». A lo largo de los años (y de esos vaivenes de la fe, que a veces flaquea tras la adolescencia y en la juventud), siempre mantuvo el interés por mí. Cada vez que mi madre se lo cruzaba en la parroquia, la pregunta era inevitable: «¿Y cómo está el pajarito?».
El año pasado, sin embargo, nos tocó ponernos «serios» por correo electrónico. Necesitaba mi partida de bautismo para ser padrino de Jaime, el hijo de unos buenos amigos. Le escribí esperando un trámite formal, pero su respuesta fue toda la amabilidad que se espera de alguien que te conoce desde siempre: «Buenos días, Enrique. Ya has dejado de ser "pajarito" para convertirte en persona mayor. Aquí tienes tu partida. Más fácil y rápido, imposible. Imprimes y presentas. Abrazo, José». En dos frases me despachó la gestión, me sacó una sonrisa y me otorgó, de golpe y porrazo, el título oficial de adulto responsable. Aunque supongo que en el fondo sigo siendo un «pajarito».
La vida me fue llevando a otros barrios y ya no me dejo caer por las Nieves con la frecuencia de antes, pero hay cosas que dejan poso. La huella de un párroco no se mide solo en las homilías de la misa del domingo, sino en esa cercanía constante, en acordarse de las familias, en ser comunidad. Aunque no pase apenas por ahí, él sigue preguntando por mí.
Por eso, este cambio de etapa merecía unas líneas de gratitud por casi 40 años de entrega incondicional. Sé con certeza que se le va a echar mucho de menos en Mirasierra, pero deja una comunidad viva, unida y profundamente agradecida.
Muchas gracias por todo, don José, de parte de este «pajarito» que, aunque ya vuele por otros lares y pueda presumir de ser «persona mayor», sabe bien a qué nido debe una parte fundamental de lo que es hoy.