Católicos
El sacerdote, profesor de Teología Moral en la Universidad de Navarra, explica a Religión Confidencial que con este libro busca ayudar a los cristianos a descubrir el amor de Dios en su vida cotidiana y aprender a hablar con Él a través de la oración.
07/11/26 | Javier Arias
- La oración, una conversación con Dios
- Eucaristía y oración como fundamento
- La necesidad de sentirse valorado
El sufrimiento y la dificultad de comprender a Dios
- Un libro nacido de su propia experiencia
- «Si Dios se olvidara de nosotros, volveríamos a la nada»
La necesidad de sentirse querido, la dependencia de la opinión ajena y la dificultad de encontrar sentido al sufrimiento son algunas de las cuestiones que aborda Tomás Trigo en su nueva obra. El sacerdote parte de una convicción que, según explica, ha ido comprendiendo mejor con los años: saber que Dios nos ama cambia la manera de afrontar la vida, también cuando las cosas van mal.
El título no es una expresión escogida al azar. Trigo quiere subrayar que el amor de Dios no se dirige únicamente a la humanidad en general, sino a cada persona de manera individual. «No solo que Dios es amor, sino que nos ama a cada uno», explica. Y lo hace hasta el extremo de quedarse en la Eucaristía y entregar su vida en la cruz.
Esa dimensión personal es la que atraviesa el libro. Para el sacerdote, la relación con Dios no puede quedarse en una idea abstracta ni en una afirmación que los cristianos repiten sin detenerse a pensar en lo que significa. Se trata de descubrir que ese amor tiene consecuencias concretas en la vida de cada día.
La oración, una conversación con Dios
Uno de los aspectos que más preocupa a Trigo es que muchos cristianos conocen la idea de que Dios los ama, pero no llegan a experimentar ese amor en su relación cotidiana con Él. Por eso, una de las propuestas centrales del libro es recuperar la oración personal, entendida como una conversación sencilla con alguien que nos conoce y que ha dado su vida por nosotros.
El sacerdote insiste en que no hace falta recurrir a fórmulas complicadas. Se trata de hablar con Dios con la confianza con la que uno se dirige a un amigo, sin dejar fuera a la Virgen María de esa conversación.
No duda en afirmar que «me apena comprobar que muchos cristianos no conocen o no practican este modo de orar». En ocasiones, añade, la explicación que recibe es que no tienen tiempo.
Precisamente para facilitar ese encuentro, Trigo ha organizado los capítulos de manera que el lector pueda detenerse después de cada párrafo y dedicar unos momentos a hablar con Dios. La intención es que el libro no se limite a transmitir ideas sobre la espiritualidad, sino que ayude a ponerlas en práctica.
Eucaristía y oración como fundamento
La Eucaristía y la oración aparecen así como dos elementos fundamentales para descubrir que el amor de Dios no es algo distante, sino una realidad que puede acompañar a la persona en sus preocupaciones, decisiones y dificultades.
La necesidad de sentirse valorado
Trigo también pone el foco en una de las dependencias que, a su juicio, dificulta la felicidad de muchas personas: la necesidad de que los demás reconozcan constantemente sus capacidades, les manifiesten admiración o les hagan sentirse importantes.
El sacerdote relaciona esta búsqueda permanente de aprobación con una falta de autoestima que, en algunos casos, tiene su origen en el amor que no se recibió durante la infancia. Hay personas que necesitan que los demás piensen bien de ellas para sentirse bien consigo mismas, hasta el punto de que su estado de ánimo depende de lo que escuchan o de cómo las tratan.
Frente a esa situación, el autor propone descubrir que el valor de una persona no depende de la opinión que los demás tengan sobre ella. La certeza de que Dios la ama y la valora hasta el extremo de entregar su vida por ella puede ayudar a romper esa dependencia.
«Nadie te quiere tanto como Dios te quiere, que nadie te valora tanto como Él», afirma. A partir de esa convicción, explica, la persona puede alcanzar una libertad interior que le permita dejar de vivir pendiente de la aprobación ajena. Lo importante ya no sería conseguir que los demás la admiren, sino procurar agradar a Dios.
El sufrimiento y la dificultad de comprender a Dios
Otro de los asuntos a los que dedica espacio en el libro es el sufrimiento. Trigo reconoce que hay personas que se alejan de Dios porque no consiguen compaginar las dificultades que atraviesan con la idea de que Él las ama.
El sacerdote considera que se trata de una de las grandes preguntas de la vida cristiana y dedica un capítulo de la obra a esta cuestión. Su punto de partida es que el amor forma parte de la propia esencia de Dios: mientras que las personas pueden amar u odiar, Dios, explica, solo sabe amar.
Desde esa perspectiva, Trigo sostiene que el sufrimiento debe entenderse como algo que Dios permite, aunque no siempre seamos capaces de comprender por qué. Para ilustrarlo, recurre a una comparación familiar: un niño puede no entender que su madre permita que le escayolen un brazo roto y que tenga que dejar de hacer deporte durante un mes. Sin embargo, esa decisión no responde a una falta de amor, sino precisamente al deseo de protegerlo.
El sacerdote reconoce que no siempre es fácil aceptar esta explicación, especialmente cuando se atraviesan situaciones dolorosas. Pero considera que la confianza en el amor de Dios permite afrontar esas circunstancias con la certeza de que no se ha dejado de ser querido, aunque no se encuentre una respuesta inmediata a lo que está sucediendo.
Un libro nacido de su propia experiencia
La obra también tiene una motivación personal. Trigo explica que desde niño sabía que Dios lo quería, pero que necesitó bastantes años para comprender mejor lo que esa afirmación significaba y cómo debía influir en su manera de vivir.
Esa experiencia es la que le llevó a escribir el libro. No pretende únicamente explicar una verdad de la fe, sino ayudar a otras personas a descubrir cómo puede cambiar su vida cotidiana cuando se convencen de que Dios las ama de manera permanente.
En ese propósito, el sacerdote recuerda unas palabras de san Juan Pablo II que considera especialmente significativas: «El hombre es amado por Dios. Este es el simplicísimo y revolucionario mensaje del que la Iglesia es deudora al hombre».
Trigo encuentra en esa afirmación el mensaje que quiere transmitir con su obra. La convicción de que Dios ama al hombre no debería quedarse en una enseñanza religiosa, sino convertirse en una certeza que acompañe a cada persona en su vida diaria.
«Si Dios se olvidara de nosotros, volveríamos a la nada»
El sacerdote espera que quienes terminen de leer el libro comprendan mejor que son amados por Dios y que ese descubrimiento les ayude a afrontar su vida de otra manera. No atribuye a la obra la capacidad de cambiar por sí misma a una persona, sino que confía en que Dios pueda servirse de ella para acercar a los lectores a su amor.
A quienes sienten que Dios se ha olvidado de ellos, Trigo les trasladaría un mensaje de confianza. Para el autor, esa sensación de abandono no significa que Dios haya dejado de quererlos. «Si Dios se olvidara de nosotros, si dejara de querernos y de pensar en nosotros, volveríamos a la nada», explica.
El sacerdote termina remitiéndose a un pasaje del profeta Isaías que recoge esa certeza con una imagen especialmente cercana: la de una madre que no puede olvidarse de su hijo. Incluso si llegara a olvidarlo, Dios asegura que nunca dejará de hacerlo. «Mira, en la palma de mis manos te he grabado, tus muros están sin cesar ante mí», recoge el texto bíblico.
Es esa imagen la que resume el mensaje que Tomás Trigo quiere dejar al lector con Dios es amor y a ti te quiere con locura: la certeza de que, incluso cuando una persona atraviesa dificultades o se siente sola, Dios no se olvida de ella ni deja de amarla.
Tomás Trigo,
Dios es amor y a ti te quiere con locura.
Palabra, 2026.