COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

LA GRAN HOGUERA DEL AMOR DIVINO

 

 

“LLAMADOS A SER MORADA DE DIOS: El Altísimo nos estimula a ponernos en disposición, al don del Espíritu Santo, para guiarnos por la senda armónica. Acoger la Palabra de Dios y manifestarla con nuestros ritmos, hace que el Resucitado, esté tan vivo como presente, en nuestro místico acontecer diario. De este modo, se nos revela el corazón piadoso de Jesús; con su pulso filial y fraterno, siempre en vela. Ejecutemos su voluntad, para enderezar los pasos, a sus pautas.”

 

 

 

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 09.05.2026


 

 

 

I.- LOAD AL SEÑOR:
TOMAR SU PALABRA COMO VIDA

Glorificar a Cristo, órganos unidos,
enaltecer su obrar de verdad y vida,
ensalzar su níveo amor en la tierra;
será lo que nos encauce por dentro,
y lo que en realidad nos reconforte.

Nuestro destino vive en su morada;
el final no se cobija en la oscuridad,
sino en que yo sirva para agradecer,
porque Él sigue en nuestra historia,
dándonos paz y saciándonos de luz.

Vuelva su palabra a mis necedades,
para que este cuerpo en penitencia,
alcance la virtud y tome la bondad,
de cuidarse y de celebrar el júbilo,
fusionado al bien que nos absuelve.

 

 

II.- TOMAR SU CAMINO:
ALZAR LOS SENTIDOS COMO ALBOR

Con Jesús el itinerario es reflexivo,
sólo hay que contemplar sus gestos,
ver la calma que vierten sus manos,
al dejarse acariciar por sus miradas,
para sentir que su empuje nos anida.

Que tu misericordia nos acompañe,
mi Señor, Dios nuestro y de todos,
nos done aliento en los desalientos,
y yo te daré por siempre la ofrenda,
de la gratitud eterna y en gratuidad.

Sin ti, Salvador amado, me extingo,
pierdo la esperanza por recobrarme,
desaprovecho tu cauce de placidez;
pues no hay experimento vivencial,
más alegre, que hallarse en tus ojos.

 

 

III.- QUITAR CRUCES:
TOMAR LA ALEGRÍA COMO RESPIRO

La juventud imborrable del espíritu,
es la que nos suprime las angustias,
y la que nos imprime buenas gestas;
que la savia es para cederla radiante,
y no para dilapidarla en uno mismo.

Lo precioso es querer para quererse,
profundizar en sí sobre amar a Dios,
cumpliendo en pleno sus preceptos,
y acatando todos sus mandamientos,
¡eso nos dará felicidad en profusión!

Guardar y salvaguardar sus órdenes,
como cumplir con fe sus mandatos,
nos ilumina a purificar las sombras;
pues el que cree, reconsidera su ser;
y, con el brío del alma, se reconoce.

 

 

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
09 de mayo de 2026