COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

LA FIBRA DEL GERMEN ORIGINAL

 

 

“EL PULSO DE LA SEMILLA: El sembrador, que es Dios, esparce por todos los rincones su llamada, sin excluir a nadie. Jesús nos invita a sentir, situando el oído en la escucha, pues el valor de un sentimiento se mide por la cantidad de sacrificio que uno ofrece, para despojarse de egoísmos y tomar el cielo. A menudo, estamos distraídos, por demasiados reclamos frívolos. Necesitamos despertar, al menos para poder tomar el Evangelio, la única señal que nos hace libres y nos acerca a su Reino.”

 

 

 

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 11.07.2026


 

 

 

I.- LA TIERRA PEDREGOSA;
TODO LO AHOGA Y ADEMÁS NOS ACOSA

Las sendas vivenciales son grados,
su itinerario es un camino variado,
con sus subidas y también bajadas;
lo meritorio es hacerse y rehacerse,
tomar cuerpo y echar cepas santas.

La espiritualidad requiere cultivo,
pulimentar el cubrimiento viviente,
allanar lo mundano con lo celeste,
para que retorne a nuestro corazón,
la etérea luminaria eterna del amor.

El pasión angelical todo lo restaura,
lo restituye porque la fe nos revive,
hasta restablecernos con esperanza;
sólo hemos de persistir en el verbo,
y resistir toda tribulación desértica.

 

 

II.- LA TIERRA ESPINOSA;
TODO LO AMORDAZA Y ADEMÁS NOS AMENAZA

Nuestro cuerpo es polvo que anida,
porque el alma habita en el cuerpo,
a la espera de no caer en el sollozo,
por dejar de pulirnos internamente,
y retener el engaño en los andares.

El horizonte de la vida y la verdad,
mora sin demora en el miramiento,
que habita en la sementera bendita,
en la armoniosa voz de la acogida,
sólo hay que manifestarla y vivirla.

La Palabra de Dios nos enternece
y eterniza, nos ilumina y nos vive,
nos quita todas las púas mundanas,
que nos impiden florecer a diario,
con el impasible pedrusco terrenal.

 

 

III.- LA TIERRA CARITATIVA;
TODO LO ESCLARECE Y ADEMÁS NOS REVERDECE

La simiente que cae en organismo
benéfico, todo lo embellece de luz,
porque se enraíza de brebaje serio,
y arraiga voces donantes en el ser,
que se vuelven percusión y néctar.

Propagar quietud en la existencia,
sin apagar nuestro activo esfuerzo,
nos agranda por dentro y por fuera;
nos hace de Dios, el tañer perfecto;
y nos deshace de mundo, al Edén.

Lo pulcro es dotarse de hermosura,
cuestión que requiere dejar de lado,
las mil persuasiones de aquí abajo,
ascender al poema sin pena alguna;
y, descender a lo manso, satisfecho.

 

 

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
11 de julio de 2026