COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

VENGA A NOSOTROS EL REINO DE DIOS

 

 

“LA GENEROSIDAD DIVINA NOS LEGA ALELUYA: Somos hijos del amor; y, como tal, hemos de acudir al festivo banquete de la llamada. La invitación surge (y nos resurge) para compartir el gozo de un Padre generoso, pues nadie está excluido de la casa de Dios. La comunión con Él; y, entre nosotros, es el convite. Además, nos deja libertad de elección, sin sometimiento; todo se propone, nada se impone. Dispongámonos, pues, a tomar un camino de conversión que es lo que cambia el corazón.”

 

 

 

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 10.10.2026


 

 

 

I.- EL REINO COMO CELEBRACIÓN
Y LA SUBLIME OFRENDA

El Reino de Dios no es sólo una promesa,
es una realidad vital presente en la tierra;
es como un tesoro oculto que nos auxilia,
pero todavía no todos lo tienen en cuenta,
para intranquilidad de nuestras entretelas.

Que su venida se verifique en todo latido,
tanto en mí como en ti y en los restantes,
ya que todos somos un reverenciado tono,
un aletear perfecto en una fiesta de bodas,
donde la alegría se contagia y nos revive.

El Señor no es un intercesor distanciado,
sino el dueño que desea repartir el júbilo;
haciendo familia, creando calor de hogar,
en unión y en unidad de pulsos y pausas,
en luminaria alianza y con abundante sol.

 

 

II.- EL SECRETO DEL REPUDIO HUMANO
Y SU HABITUAL APATÍA

La sutil trampa de lo rutinario nos cubre,
hasta llegarnos a encubrir en lo habitual,
con mil codicias y desvelos materialistas,
fábulas que son un mero interés mundano,
que nos distorsionan los orgullos internos.

Hay que alejarse de los caudales frívolos,
volver a la cercanía del verso y del verbo,
a conjugar la aceptación de lo que uno es,
más poesía caritativa que poder terrenal,
más curso integral que recurso rehusado.

El mayor sacrificio para la vida espiritual,
lo ocupa el desvivirse por vivir en calma,
por derribar el desaire de nuestros labios,
y el desdén de nuestros líricos contornos,
que claman y reclaman el ardor supremo.

 

 

III.- ACCIÓN DE GRACIAS CONJUNTAS
Y LA SENSATEZ EN LA RÉPLICA

Uniéndonos a Cristo con un amor activo,
se afirma y se reafirma la grafía celestial,
el carácter sobrenatural de nuestros actos,
hilados con obras caritativas y vestiduras
blancas, dadas como don en el bautismo.

Formar y conformar la respetable Iglesia,
concurrir a la sala del festín en alborozo,
permanecer en ella con espíritu radiante,
nos requiere de una coherencia vivencial,
y nos pide una rectificación de misiones.

Quien pretende estar en el Reino de Dios,
con su traje viejo, sin certera renovación,
manteniendo sus preceptos materialistas,
sus antiguos criterios ingratos y egoístas,
se autoexcluye de la comunión beatífica.

 

 

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
10 de octubre de 2026